EL ENTIERRO DE OCAÑA (DE LA FIESTA DESEADA)




Publicación: EL PAÍS
Fecha: 20/09/1983
Página: ¿?
Autor: (FOTOS) PABLO JULIÁ

Entierro de Ocaña

Ayer [19/09/1983] en su pueblo natal de Cantillana (Sevilla) fue enterrado el actor y pintor José Pérez Ocaña, que falleció el lunes [18/09/1983] a los 36 años víctima de una hepatitis. Ocaña había desarrollado prácticamente toda su vida artística en ambientes homosexuales de Barcelona, y fue destacado luchador por los derechos de los homosexuales en los años 70. A su entierro asistieron numeros admiradores de Barcelona, entre ellos el cineasta Ventura Pons, que en 1978 realizó un filme sobre el difunto, Ocaña, retrato intermitente. También el pueblo entero tomó parte en las ceremonias, aunque sin respetar los deseos de Ocaña, que había pedido que su entierro se convirtiera en fiesta.




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OCAÑA ESTRENA EN MADRID (DEL VULGARISMO DEL PUEBLO)





Publicación: EL PAÍS
Fecha: 07/06/1978
Página: ¿?
Autor: ÁNGEL S. HARGUINDEY

El último Festival Internacional de Cine de Cannes sirvió, entre otras cosas, para conocer y propagar la imagen de un personaje exótico, Ocaña, que une a su condición de travestí y pintor naif la de andaluz afincado en Barcelona. Ventura Pons, realizador de Ocaña, retrato intermitente, fue la persona idónea para dar a conocer a uno de los representantes más genuinos de la bohemia. Hoy se estrena en Madrid este filme-reportaje, ejemplar por muchas razones y siempre interesante. Ángel S. Harguindey trazó la semblanza del protagonista único.

Pintor, travestí, "gay" y siempre pansensualista

Ocaña: "Creo que la provocación gusta a todo el mundo"

Ocaña y su acompañante Camilo, pasean por las Ramblas. La fiesta comienza.

«No me considero pionero del travestismo barcelonés porque siempre ha habido travestis, pero sí soy pionero del teatro en la calle. Cuando me disfrazo parezco una pintura negra de Goya. Es lo que intento, dar una imagen grotesca, distorsionada. Creo que la provocación gusta a todo el mundo, porque todos tenemos algo de exhibicionistas. Soy exhibicionista porque he estado mucho tiempo marginado. Pero en casa yo me maquillaba como los griegos y los romanos.»

Quien así se define, o así comienza a definirse, es José Pérez Ocaña, que hace tiempo adoptó su segundo apellido como nombre de guerra, una guerra muy particular en la que se enfrenta cotidianamente a multitud de hechos, prejuicios, concepciones y etiquetas. Este pintor naif, andaluz y pansensualista, poco a poco se está convirtiendo en la mayor atracción de la bohemia popular de Barcelona.

Después, Ocaña, explicará a los espectadores de la película –cuya principal virtud consiste en desaparecer como proyecto artístico para supeditarse al personaje y a su mundo– por qué se fue de la Falange. Hijo de albañil y barquero de pueblo sevillano, adscrito al Movimiento Nacional bajo la secreta intención de veranear gratis en cualquier campamento costero de tiendas de lona y fuegos con canciones al atardecer, no consiguió nunca lo que su familia se había propuesto: que el niño viera el mar sin pagar. Dos frases breves y que pueden resumir toda una época, al menos vista desde la perspectiva de un niño andaluz.

«Como siempre he sido algo fantasioso», añade Ocaña, «he creído en el más allá. Ahora ese más allá lo veo en la gente. Creo en los dioses de la carne, no en los de madera. Y si ofrezco culto a las imágenes es porque lo que ha quedado de la religión son los fetiches; al ofrecer culto a las imágenes lo hago también a los hombres, que son quienes las hacen. Me he quedado con los fetiches y no con las contradicciones de la religión. Ahora bien, respeto las religiones porque me parecen bellas, todas tienen su encanto y su misterio...»

Después, en la película-reportaje, Ocaña asestará uno de los golpes más duros a la ortodoxia política de la izquierda que se recuerdan en el cinematógrafo: con su estilo directo, espontáneo y vital defenderá las procesiones de Semana Santa, no como manifestaciones religiosas –lo que en verdad no son, al menos en la Andalucía del cachondeo y la manzanilla–, sino como auténticas fiestas populares en las que el vino condiciona la buena marcha de los asistentes. Ocaña comenta cómo los progres de su pueblo le intentaban convencer de la necesidad de acabar con los mencionados festejos religiosos, pero sin proponer otros alternativos. Y el pintor se pregunta, con lógica popular, que para qué terminar con lo que es alegría y borrachera, que por qué prohibir algo que sirve de desfogue anual ante tanta miseria y monotonía. Y tiene razón. Los progres de su pueblo, suponemos, preferirían un seminario sobre la conveniencia de la reforma agraria o la penetración de las multinacionales a través de los medios de comunicación de masas. Ocaña, más sabio, prefiere la escuela de la vida y su goce.

«Lo del disfrazarse es teatro, pero no falso, porque me gusta hacer teatro vestido de tía. Yo utilizo el disfraz de la mujer. No es que yo me sienta una mujer cuando me disfrazo, porque no me siento, y con esto no trato de justificarme en absoluto, lo que pasa es que me convierto en un actor vestido de mujer a la forma antigua, que me gusta mucho, y puedo interpretar papeles, que me fascina.»

A Ocaña lo que más le gusta es la provocación sensual, sin meterse con nadie, pero jugando siempre. Y Para ello se acompaña de su Camilo, que también le gusta llamarse Matilde. Y cogidos del brazo se pasean por las Ramblas con una marcha que da gloria verlos. Y la gente se arremolina. Y Nazario, el del Rrollo Purita, que es de su basca, se ríe con amor y ternura. Y entonces, cuando hay doscientas personas alrededor, se levanta sus faldas enseñando sus partes, unas partes muy distintas a las que una visión apresurada de la primera imagen pudiera parecer. Y se ríe, y lo estupendo es que se ríe todo el mundo, incluso no se tiene noticia de ningún desmayo, porque el exhibicionismo en Ocaña es juego, diversión. Después entran todos en uno de los cafés de las Ramblas y entonces Ocaña, con su voz cazallera, entona una copla de las de antes, de las que cantaba la Niña de la Puebla, por ejemplo. Y todo encaja, sin sobresaltos, como si estuviéramos todos en la Roma más decadente y divertida.

Queda, por último, el intento de asimilación del personaje por parte de las élites culturales. Pero Ocaña, al menos de momento, se defiende con fuerza: «Mira, a mí que me digan literatura, teatro o pintura para el pueblo, pero que lo hagan como yo lo he hecho, no ya a nivel folklórico, sino a nivel vulgar, si quieres, pero el vulgarismo del pueblo, el puro, el de la calle... ¡Coño! ¡Compararme con García Lorca, que no tenemos nada que ver! Hablando ya de clases, para decirlo de alguna manera, él era de una y yo soy de otra. Él era de izquierdas, ¿y qué? También en la izquierda hay muchos burgueses y gente de mucha pasta, y yo sí que soy del pueblo, pero del pueblo-pueblo, que mi padre era albañil y barquero.»

ÁNGEL S. HARGUINDEY




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OCAÑA EN PRIMERA PLANA (DE LA REGRESIÓN IMPERTINENTE)




Publicación: PRIMERA PLANA, Nº 31
Fecha: 29/09/1977
Página: ¿?
Autor: (TEXTO) FERRÁN SALES Y (FOTOS) CARLES BOSCH

El «gay» violado

¿Quién es este maricón que osa violar las normas establecidas de nuestra sociedad, desnudándose públicamente cada dos por tres en las fiestas multitudinarias?

Por Ferrán Sales
Fotos: Carles Bosch

¿Quién es este jovenzuelo de aspecto enfermizo, pequeño, seco y enjuto que se atreve a hacer el amor con otro de su mismo sexo en un escenario, interrumpiendo un espectáculo?, ¿quién es este gay que tan pronto viste de hombre como de mujer y que se ha convertido ya en la atracción popular de las noches barcelonesas?

Se llama José Pérez Ocaña, pero todo el mundo prefiere llamarlo simplemente «el Ocaña». Tiene treinta años. Viste un pantalón a rayas, una chaqueta blanca, lleva unas gafas metálicas redondas y cubre su cabeza con un sombrero hongo de color indefinido donde se marchitan poco a poco unas flores jazmín.

–Me encanta el jazmín. Me encantan las flore. Sobre to la flore de coló blanco. Los gladiolos, la margarita, lo crisantemo... –y todo eso lo dice José Pérez Ocaña mientras permanece sentado en una esquina de su cama –su propia cama– que ha trasladado a una exposición de arte, junto con sus cuadros, junto con su álbum de fotos, junto con sus recuerdos.

José Pérez Ocaña aparece allí en la foto sentado detrás de la mesa. Al fondo un mapa de la España del racionamiento. Junto a él su hermano gemelo. Al otro lado un globo terráqueo. Con el pelo planchado, con todos los botones de la camisa y del jersey perfectamente anudados. La foto empeza ya a tener ese color sepia que adquieren todos los recuerdos.

–Me veo en la puerta del sementerio, con toos lo amigo. Iban a enterrar a un compañero y siento como un vasío mu, mu grande. Debía tener como onse años.

–Más lejano Ocaña, ¿un recuerdo aún más lejano?

–...sí, síí..., quisá las tardes que iba con mi padre a recogé la yerba por el campo. Me enseñaba el nombre de la planta y también me explicaba cómo debía hablar con el río. Mi padre de eso sabía mucho porque antes de hacer de paleta había trabajado de barquero. Tenía nueve años.

–Aún más lejos Ocaña, ¿un recuerdo aún más lejano?

–...sí, sí..., quizá los paseos junto al río, cuando íbamos a cortar mimbre para los conejos. Mi padre, para que nos estuviéramos quietos, nos metía a mi hermana y a mí dentro de un saco. Y de ves en cuando nos mojaba en las aguas del río. ¿Miedo? No, no... era como una aventura. Recuerdo, eso sí, el placer del tacto de un delantal de cachemira que vestía mi hermana, me gustaba aquel tacto suave. Era un delantal morao a cuadros...

Si vais alguna vez a Cantillana en la provincia de Sevilla y preguntáis por la casa del Patacán, los vecinos –cualquiera de los tres mil vecinos que viven en el pueblo– os conducirán hasta esa casa blanca que se levanta en la plaza junto al edificio de sindicatos después de haber subido por la cuesta del Maero. Allí en la casa del Patacán, nació y vivió hasta los 21 años José Pérez Ocaña. Allí acude de...



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Nota de LRDV: aunque en el artículo aparece manuscrita la referencia "revista Reporter", creemos que el artículo pertenece a la revista Primera plana.



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OCAÑA Y EL CANET-ROC #3 (UNA IMAGEN VALE MÁS QUE MIL PALABRAS)




Publicación: DISCO EXPRES
Fecha: 05/08/1977
Página: 21
Autor: (TEXTO) JORDI TARDÀ Y (FOTOS) CRIS MILLER


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DE JOSÉ A OCAÑA (DEL PAPEL A LA CALLE)




Publicación: REPORTER, Nº 8
Fecha: 12/07/1977
Página: ¿59 Y 60?
Autor: (TEXTO) CARMEN GARCÍA RIBAS Y (FOTOS) COLITA

Ocaña, el fetiche sevillano

José, relleno de religión y folklore,
canta, baila, grita, llora y ama


Ocaña es libertad. Sale a la calle vestido de sevillana, muy maquillado, el pelo recogido en un castizo moño y cubriéndose sus huesudos hombros con un mantón de manila. Su imagen es un fetiche de la mujer andaluza. Su filosofía, cantar, reír, comunicar y divertir. Ocaña quería hacer teatro, pero en libertad, no en los límites de un escenario, de un personaje o de un sueldo. La calle es el escenario donde el público le aplaude sin comprarle, le habla y le pide que le bese. Y la sevillana fetiche besa, abraza y canta unas bulerías, porque le da la gana.

«Yo estaba en un pueblo de Andalucía, era homosexual, pero no podía decirlo. Estaba mal. Muy lleno de religión, hasta el punto que me sentía un iluminado. Me iba al campo y hablaba con la hierba y con las flores. Nadie más que ellas lo sabían. Tenía un amigo a quien quería mucho, estaba enamorado de él pero no podía decírselo. Mi amigo se suicidó. Yo le quería... A los 20 años le dije a mi hermana que era homosexual. Fue la primera persona que lo supo. Me comprendió: debes distraerte, sal, ve al cine, al teatro –me aconsejó–. Ahora, en Barcelona me siento muy bien. Siempre he sido un marginado, pero aquí somos muchos y siento que tengo amigos.»

«Oye, mira, yo soy exhibicionista. Supongo que ahora soy así de alegre porque estuve mucho tiempo reprimido. Bueno, eso de la represión y ese rollo lo he aprendido aquí, antes no lo decía.»

José, hijo de familia numerosa, pobre y muy religiosa de Andalucía; el padre, obrero de la construcción, murió cuando él tenía 10 años. Tuvo que trabajar en el campo; no le querían por flojo. «Siempre me puteaban, se bebían mi agua cuando trabajábamos en la tierra. Hasta que un día se la hice yo: cogí un botijo de uno, donde tenía su agua para todo el día, lo vacié y meé dentro. Menuda sorpresa se llevó el tío...»

A los dieciséis años salió del pueblo y se fue a Sevilla a trabajar, pintaba paredes y vagaba de pensión en pensión. Después Madrid y por fin Barcelona. Aquí, después de pasar por varias casas-pensión, alquiló un cuchitril en la Plaza Real y allí en unos 20 m², está su mundo. Un mundo fetichista lleno de colores vivos, expresiones angustiadas, rígidas y patéticas plasmadas en sus cuadros y en sus imágenes. La gran reina de la habitación es una Virgen Macarena hecha de cartón y adornada con velos y otros trapos.

Aquel sentimiento religioso y amargo de la Andalucía donde nació se ha amarrado bien al nuevo José, ya Ocaña, y lo pinta, lo moldea y lo saca a la calle en forma de Ocaña-flamenca.


«¡Anda, rubio, que estás más güeno que un pan de rosca! –piropea a un transeúnte–. También me gustan las mujeres, pero menos, me gusta lo bello, lo que más se parezca a lo griego. Aunque para mí el amor sexual es algo pasajero, me canso pronto de quien ha tenido relaciones sexuales conmigo. El verdadero amor es diferente. Mira, te lo explicaré con un ejemplo: yo tengo un amigo en Galicia con quien no tengo relaciones estrictamente sexuales, pero cuando dormimos juntos amanecemos abrazados; eso es amor.»

El fetiche sevillano ahora no escribe. Cuando siente algo que encesita expresar sale a la calle vestido de folklórica, canta, baila y grita lo que le da la gana a voz en grito. Pero antes, sustituía la calle por el papel y escribía:

«El hombre marcha a paso desconocido
el hombre no está muerto, es dormido
con lo fácil que es amar
con una mirada mi cuerpo se transforma
y se embellece.
Quiero amar, vivir cada día intensamente
en el amor hacia los demás.
Llorar es la muerte, cantar es la liberación
de la cárcel del hombre.
¡Se acabaron los problemas que nos hacen dormir eternamente!»

El papel es ahora la calle, y el sentimiento lo vocea y a veces le pone música de nostalgia andaluza.

Carmen GARCÍA RIBAS
Fotos: Colita


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UN FIN DE AÑO CON OCAÑA #2 (DE LA CALLE ES NUESTRA)




Publicación: AJOBLANCO, Nº 19
Fecha: 00/02/1977
Página: 1 Y 17 
Autor: FERNANDO MIR

BARCELONA, CIUDAD DE FIESTAS Y MARCHA

DE LA MARCHA DEL BORNE A LA FIESTA ESPONTÁNEA Y COTIDIANA

Empezó el año con fiesta popular en el Pueblo Español de Barcelona. Algo así como la estocada definitiva al año 76 y la alternativa al 77. Barcelona, la Barcelona no oficial, ha cobrado mucha marcha a raíz de las últimas fiestas multitudinarias. Al igual que hace un tiempo se empezó a hablar del espíritu de Canet, ahora cabe hablar del espíritu del Borne o de la "MARCHA DEL BORNE". Y es que la marcha arranca de los tres días de representaciones del Tenorio por la Assemblea de Treballadors de l'Espectacle (ADTE) en el antiguo mercado del Borne. Fue el primer acto multitudinario tras el verano. Unas veinte mil personas asistieron en total al tinglado de fiesta y participación del Borne. Allí se daba cita la Barcelona "de la 'rauxa', la de la rebeldía, la marginada, la popular, la más desconocida en el resto del Estado español, opuesta a la Cataluña del 'seny', la Cataluña exportable para la reforma" que ahora se nos muestra a través de la televisión con "La Saga de los Rius", tal como comentaba Montserrat Roig en el número 726 de la revista TRIUNFO. En el Borne se encontró la Barcelona marchosa, vibrando junta, reivindicando un espacio como el antiguo mercado central de la ciudad para salvarlo de la especulación, y lo que es más, reivindicando el sentido activo de la fiesta. Llegamos a olvidarnos de la representación en sí del Tenorio, de las actuaciones musicales; los auténticos protagonistas fuimos nosotros: el pueblo, la gente.

[...]

Cualquier excusa es buena para encontrarse. Así, otra vez la ADTE montó el revellón de fin de año en el Pueblo Español ("La Gran Revetlla de la Calca i el Sidral"), que pretendía ser un tinglado más impresionante que el del Borne, aunque no lo lograra a tales niveles. El Pueblo Español es un recinto situado en la montaña de Montjuïc, que alberga reproducciones de calles y edificios representativos de toda España. En este lugar se habían organizado hasta la fecha verbenas populares dentro de un orden. Este año, y con el recuerdo del Borne en la mente, la ADTE quiso resarcirse de sus pérdidas económicas, o de sus escasas ganancias del Tenorio del Borne, puesto que en este último lugar fueron muchos, muchísimos, los que entraron sin pagar, y la Assemblea quería recoger dinero para subvencionar sus futuros montajes. Se montó un revellón de fin de año. Las ideas eran geniales: canciones melódicas de los años cuarenta, cincuenta y sesenta (1937-1977: 40 años de discos solicitados), himnos fascistas, el twist, la yenka, el madison, la conga, el rock, películas musicales, taxi-boys y taxi-girls con los que se podía bailar por cinco duros, actuaciones de los Oriol Tramvia, Pau Riba, Micky Espuma, Sisa, etc., tenderetes de bocadillos, bebidas, revistas (el Ajo pintando caras, como de costumbre), teatro, striptease, de todo un poco. A los cinco minutos del nuevo año, Ocaña, un conocido personaje de las noches de Barcelona, transvestido de mujer fatal, se subía a lo alto de una furgoneta situada en el centro de la plaza del Pueblo Español e iniciaba el primer striptease de la temporada hasta quedarse en bola pura. La ovación de los espectadores fue unánime... Pero había demasiados espectadores. Resulta inconcebible ver a gente sentada, con la actitud del espectador que espera ver qué es lo que le ofrecen por las ciento cincuenta pesetas que ha pagado en la entrada. [...] El ejemplo estaba muy patente en lo sucedido en el Borne: el auténtico espectáculo, surgido de esta gente, estaba totalmente fuera de programa, pero al encontrarse en su ambiente, conectando con los demás, nació la fiesta, el lío, el cachondeo y la marcha. El revellón del Pueblo Español no estaba pensado para que nadie asistiera como simple espectador, y los que esto hicieron, se aburrieron.

Tal vez exista un precedente de estas fiestas. No hablo ya de los festivales de Canet, pues en ellos la participación no fue en absoluto colectiva. Me estoy refiriendo al resurgir de las fiestas mayores en los barrios. Estas fiestas mayores supusieron un triunfo del pueblo. El pueblo vencía el miedo a la fiesta, el miedo a reír, bailar y manifestarse espontáneamente en la calle. Descubríamos que nada de esto estaba ya prohibido y que la calle podía ser nuestra y a nuestro gusto, acostumbrados como estábamos a ponernos la careta de seriedad al salir de casa y a guardarnos nuestros cachondeos para las cavernosas reuniones con los amigotes.

Con estos precedentes, y aparte de los carnavales y de las nuevas fiestas que puedan hacerse en locales más o menos cerrados, sólo espero la llegada del buen tiempo, de la Primavera. La Primavera del 77 puede ser una auténtica fiesta total. No serán necesarios ya no Bornes, ni Pueblos Españoles, ni otros locales, ni siquiera organizadores. El jaleo puede surgir en cualquier momento y en cualquier esquina. Se acabarán los "días de fiesta". Enterraremos los domingos. La fiesta será algo espontáneo y cotidiano, lo que no quiere decir rutinario. Bastará con que tres personas se encuentren. Las Ramblas, todas las ramblas, pueden convertirse en una continua orgía. Facilmente surgirán situaciones como la que ya presencié el otro día en las mismas Ramblas: un grupo de personas, al grito de "a la calle, a jugar a la pelota a la calle", se puso a jugar a pelota, interrumpiendo la circulación ante la sorprendida mirada de los automovilistas, y precisamente e el lugar en que suelen reunirse los contertulios del futbol. Dejaremos las cavernas, los bares, los cines, los zelestes, y los músicos, los grupos de teatro y el arte se unirán a nuestra fiesta en la calle. ¡Viva la marcha!

FERNANDO MIR





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OCAÑA Y EL "AJOBLANCO" (DEL CARNAVAL CONTINUADO AL INFINITO)




QUÉ ES EL CARNAVAL DE VILANOVA

¡Oh, el Carnaval! Toda una filosofía que a uno –o a un pueblo– le es dado expresar por sólo un día. Un día trepidante de bullicio y placer. El día del Mundo, el Demonio y la Carne, componentes non gratos a todo poder político-religioso. Componentes, por lo demás, de pueblo. Aquí, señores, un intento por analizar, desde los bastidores, el montaje histórico y organizativo del festejo. El montaje. Lo bueno está en su vivencia. En el mundo al revés que se te permite imaginar. Ajo ya te habló de Carnaval, como despelote, en su número sobre El corsé de la enseñanza. Es una idea para completar este dosier. Creemos, simplemente, que si la anarquía decidiera poseer una fiesta en grande, ésta no sería otra que CARNAVAL. Y, a poder ser, con el permiso de la democracia, un CARNAVAL continuado al infinito.





Publicación: AJOBLANCO, Nº 24
Fecha: 00/07/1977
Página: 1, 47, 48 Y 49 
Autor: (TEXTO) BIENVE Y (COLLAGE) A PARTIR DE LAS FOTOS DE PEP DOMÈNECH


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