"EL VELATORIO" DE OCAÑA (PREMONICIÓN)




El velatorio es uno de los cuadros más conocidos de José Pérez Ocaña, no sólo por ser una de sus telas más grandes (300 x 190 cm, 1982), sino porque dicen que en ella Ocaña pintó el presagio de su propia muerte. Por este motivo, hay quien lo ha rebautizado como Premonición. La verdad es que el cuadro encierra algunos misterios...


Aquí, Ocaña se retrató dos veces: de cuerpo presente, vestido de monaguillo (que era uno de sus disfraces habituales, evocación de la infancia y del rito) y luciendo sus características botas gallegas; y, al mismo tiempo, velándose a los pies de la cama, con un vestido de flores, un abanico y, para que no quedasen dudas, otra vez con las famosas botas... 

Los ángeles que revolotean apretujados en el techo son sus amigos y novios. De izquierda a derecha (según los propios interesados), Fernando Roldán, El Largo, Nazario, Alejandro Molina, Camilo, Pep Torruella y Josep Maria Caralt.

Todos velan a Ocaña en su dormitorio de Barcelona, pero, como apunta Fernando Roldán, "Premonición es una obra especial porque representó su dormitorio de la Plaza Real de Barcelona tal y como era en realidad. Pero cambió la vista de la ventana por una de su pueblo". Así es, por la ventana del estudio del número 12 de la Plaza Real, despuntan el campanario y la torre inclinada del Reloj de Cantillana, que es donde, tan sólo un año más tarde, irán a velar a Ocaña.

Pero volvamos al florido vestido, bien podría estar inspirado en este disfraz:

Perico y Ocaña disfrazados para el Carnaval de Vilanova de 1977
(Foto: Toni Catany - Archivo: Pedro A. Martínez Mora, Perico)

Así, más o menos, lo describe José Luis Quiroz en Los años 70 vistos por Nazario y sus amigos: A partir de un vestido de cóctel de los años 50, Ocaña creó un traje de corte romántico... Le cosió, de arriba abajo, claveles blancos y rojos, hojas de helecho y flores silvestres blancas. Forró los zapatos con más flores y la pamela con papel de fantasía de color morado. Como complementos, llevaba una peluca con tirabuzones, guantes largos blancos, una pulsera de azabache y un abanico costumbrista. El maquillaje era blanco tiza y destacaban los labios rojos y las pestañas postizas. (p. 149)

O un diseño para su último disfraz, el de Sol:




El fondo del vestido de Ocaña, indefinido y de color amarillo,  en estas fotos es el Sol de papel maché. El abanico morado pasa a ser una peineta, el lazo del cuello, una pajarita pintada...

Para terminar, aquí os dejo otro velatorio de Ocaña:

Dibujo de Ocaña titulado Mi velatorio
(Colección: Enric Majó)
La misma habitación, los ángeles, las veladoras, abanicos, peinetas y mantillas, llantos, alguna sonrisa y una lorquiana que se ha colado en el velorio... Porque Ocaña ha encogido, ahora es un niño difunto, con su bombín entre las manos... Y la ventana, la noche estrellada, la luna que se descuelga... Recuerdo, quizás, de la muerte de su padre, que le sobrevino de noche.



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